Apareces y desapareces entre los gritos creativos de los ferianos. Subes y bajas por mis calles en bamboleo de gomitas de eucalipto o helados de cien. La profundidad de tu mirada oscura, me habla de abrazos dejados en el sur, en el norte, en el campo de otras frutas. Me perteneces... te pertenezco en cada conversación que me brindas...
Apareces y desapareces entre los gritos creativos de los ferianos. Subes y bajas por mis calles en bamboleo de gomitas de eucalipto o helados de cien. La profundidad de tu mirada oscura, me habla de abrazos dejados en el sur, en el norte, en el campo de otras frutas. Me perteneces... te pertenezco en cada conversación que me brindas...
Mi niña, mirada de cereza. El viaje recién se inicia y no quieres comenzarlo sola. Llegas acunando tus alegrías. Alguien te ha vestido de princesa para darle la bienvenida al cielo limpio y a la brisa de mis montes. La curiosidad se mezcla con impaciencia...Es el blanco de tu piel el que se hará dorado. Serán las carreras hacia el canal, entremedio de los árboles. Llegarán rostros luminosos venidos desde lejos y otros pasarán por tu lado sin verte. Abrazarás el mismo árbol de siempre y un día ya no estará más, fuera de tu puerta. Pasarás a ser la cuarta o quinta de tu generación y vivirás con tus nietos el mismo viaje, pero ahora de regreso.
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