Mis ojos son los que te hablan, Pincoya. La alegría de estar con mis padres cerca de tus flores, de tus verdes. Los conejos que corren por allí, libres, en mi patio; mi abuelaregando sus plantitas y yo, aquí, contigo, Pincoya”
Qué bueno verlos volar por mis calles. Sentir sus carcajadas crecer a la distancia, reconocer los gritos desesperados de los que nunca antes habían subido a una “cleta”. De alguna manera, sus madres se involucran con el juego; salen de sus casas con sillas y petacas, aprovechando el frescor de la caída de la tarde.
Nuestros momentos traspasaron mis fronteras. Lo que aquí ocurrió tomó un significado social y político; la fuerza y el empeño que expresamos sirvió de ejemplo para infundir nuevas miradas, para que las ganas de creer se expandieran. En ese clima de alegría, de atención, el poeta estuvo aquí y una parte de mí se llenó de su poesía, de su recorrido por la vida.